30.12.2011

City-tours gastronómicos: la moda de las visitas guiadas a restaurantes

Los tours gourmet son una manera de conocer las grandes ciudades desde su comida y explorar lugares secretos y poco turísticos. Una tendencia mundial que ya tiene ecos porteños.

Ilustración: Carla Teso

La recomendación número uno –además de ir con la entrada paga- es: ¡venga con mucho hambre! La segunda: elija un calzado cómodo (nada de taco aguja ni zapatos nuevos). La tercera: sea puntual. El resto consiste en pasarla bien a lo largo de tres o cuatro horas recorriendo restaurantes étnicos, puestitos de comida callejera, mercados, panaderías, chocolaterías o bares, de acuerdo a cómo esté diseñado el itinerario. En un mundo donde la comida está de moda, los city- tours gourmet son el último grito de la temporada. Una suerte de safari urbano a la caza de los secretos mejor guardados.

Los tours se promocionan como “aventuras culinarias” y los hay para todos los gustos: en bici, a pie o en micro, de noche, sobre una cocina en particular (china, tailandesa, rusa, vietnamita) o un plato específico (las mejores pizzas, los mejores helados, los mejores dumplings, los mejores quesos) o un mix de todo lo anterior. En Nueva York, por ejemplo, hay uno –solo para chicas- de “chocolate y champagne”.

La tendencia se registra sobre todo en ciudades grandes, con mucha influencia migratoria y tradición en la venta de street food: además de la Gran Manzana, San Francisco, Los Angeles, Chicago, Londres, París son plazas en las que se ofrecen estos tours. Y Buenos Aires no se queda afuera de la movida.

Los guías suelen ser periodistas o escritores gastronómicos, food bloggers o chefs con varios libros publicados. Un caso emblemático es el del prestigioso pastelero David Lebovitz, anfitrión del tour más premium para los chocoaholics: una experiencia que roza el pico glucémico en un recorrido de seis días visitando chocolaterías y fábricas de París y Luisana (Suiza) en busca de la barra o el bombón perfecto. Haciendo el paralelo local: sería casi como ir de paseo por las mejores chocolaterías o confiterías de Buenos Aires de la mano de Osvaldo Gross o Beatriz Chomnalez mientras te cuentan algunas secretos de primera mano o te recomiendan qué probar. 

Sin ir a un caso tan extremo –y costoso- la mayoría de los tours duran entre tres y cuatro horas, incluyen unas cinco paradas y tienen un precio que va de los 40 a los 100 dólares. Los tickets se pueden comprar vía web –como si fuera un recital- y en el caso de que estén agotados (lo cual es muy común) es posible anotarse en una lista de espera. 

DE ROTATION POR LAS MESAS
La oferta es de lo más heterogénea: en Nueva York, por ejemplo, el Instituto de Educación Culinaria de esa ciudad (ICE) ofrece paseos para foodies casi a diario. Entre los más interesantes se cuentan uno por “lugares secretos y baratos” –cuatro horas degustando los mejores hot dogs, falafel y pastramis-, una expedición para golosos en busca de los más ricos éclairs, macarons y madalenas del West Village y el Lower East Side o un tour por la Little Italy del Bronx –“la más auténtica de la ciudad”- llena de salamis, mozzarellas, canolis y recetas de salsa bolognesa. Los anfitriones suelen ser chefs y hasta ofrecen tours gourmet por otros países como Vietnam o China para quienes tienen presupuesto y ganas de emular a Tony Bourdain o Andrew Zimmern en sus viajes por el mundo. 

Otra de las agencias dedicadas a los tours gourmet es Urban Oyster, en Brooklyn, con una impronta más cultural-educativa. La propuesta es rastrear las tradiciones de las comunidades de inmigrantes portorriqueñas, judías, ecuatorianas e italianas. Antes de lanzar un nuevo tour, se hace un estudio previo de un año que incluye entrevistas a los comerciantes, consulta de archivos, elaboración de mapas y sesiones intensivas de catas y degustaciones. También ofrecen un paseo por cervecerías tradicionales de Brooklyn y otro por Manhattan siguiendo la ruta de los camiones de comida (o food trucks) una movida que vivificó el concepto de comida callejera en los Estados Unidos. 

El Brooklyn Pizza Tour es uno de los pocos que se hace sobre ruedas (en micro). Aquí los foodies van en busca de la mejor pizza y en el camino visitan lugares antológicos como Grimaldi’s, donde hay metros de colas en la puerta. Era la preferida de Frank Sinatra, que se la hacía llevar en avión cuando estaba en Las Vegas. 

En San Francisco, Gourmet Walks propone caminatas dulces para fanáticos de Willy Wonka. El consejo: catar con el estómago vacío y apelar a las galletitas o al pan como limpiadores de paladar. Mejor no contar las calorías en el haber luego de tres horas de recorrido. Otro tour que está a tope en California es el que tiene como destino los cada vez más populares Green o Farmer’s Markets. Para orgánicos y vegetarianos. 

LOS MAS RAROS  
En el afán por cubrir todos los nichos de mercado posibles, hay opciones realmente extravagantes. En el podio está el ecologista Steve Brill, alias Wildman (hombre salvaje). Por la módica suma de 20 dólares este señor promete una tarde de aventuras, explorando el Central Park para recolectar hierbas comestibles, hongos y otros alimentos silvestres a riesgo de que todos terminen tras las rejas. Historia real: al hombre salvaje se lo llevaron preso por engullir una planta Diente de León bajo la acusación de que se “estaba comiendo los parques públicos”.

En Los Angeles,  Ready to Nosh ofrece el Rocking Food Tour, un tour a pie por la famosa Sunset Boulevard, donde las paradas son los restaurantes con alguna historia ligada a rockeros de la talla de Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison. En tanto, Urban Food Crawl se promociona como “el primer food tour solo para veganos” e incluye visitas a diners vintage, degustación de cupckes sin ningún ingrediente de origen animal y de platos tradicionales mexicanos en versión vegana. 

¿Y POR CASA?
En Buenos Aires los tours gastronómicos son algo reciente. Unos de los mejor organizados son los de Fuudis, auto definido como “un colectivo de personas amantes de la comida, las experiencias y el arte”. Sus creadoras -Marina Ponzi (organizadora de los Ladies Brunch y de la memorable guerra de almohadas en el planetario en 2006) y la australiana Anne Reynolds- proponen nuevas formas de relacionarse con lo que uno consume. 

“Los tours gastronómicos son un éxito en distintos países del mundo y creemos que acá también hay un público interesado en vivir este tipo de experiencias”, opina Marina. En cada tour participan entre 20 y 25 personas, muchos turistas, pero también foodies locales. A grandes rasgos, la dinámica consiste en recorrer tres restaurantes para probar la entrada, el principal y el postre en cada uno de ellos, compartiendo el paseo y la mesa con desconocidos. “Siempre hay una charla con el chef, alguna explicación sobre lo que estamos comiendo y de qué manera se prepara, no queremos que sea una cena y nada más”, dicen. 

Un ejemplo: los dos primeros tours se llevaron a cabo en la zona del Botánico, con paradas en Guido´s (antipasto), El Museo Evita (principal) y Bella Italia (degustación de dulces). Otra noche el recorrido incluyó lugares de Palermo Hollywood y para los próximos meses hay planificados tours a San Telmo (uno de parrillas y otro de cocina internacional), Recoleta y la zona de Abasto-Almagro. Siempre se hacen los días de semana.  Cuestan aproximadamente 200 pesos, e incluyen transporte hasta el lugar, propina y sorpresas.

Por último, Buenos Aires Food Tours organiza paseos culinarios por los barrios de San Telmo y La Boca y (próximamente) Recoleta. La promesa, de nuevo, es descubrir la “Buenos Aires real”, lugares secretos y auténticos que de otra manera sería difícil conocer para los turistas. El de La Boca cuesta 75 dólares, se realiza martes y jueves y tiene una duración de tres horas. El paseo incluye fugazzetta, almuerzo en una parrilla, empanadas cortadas a cuchillo maridadas con vinos salteños y un cafecito con dulces caseros. 

Probablemente en los próximos meses surjan nuevas opciones. La comida está de moda y Buenos Aires no es la excepción. ¿Para cuándo un chori tour por carritos de la Costanera?

Por Cecilia Boullosa / Ilustración: Carla Teso

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